domingo, 1 de julio de 2018

Almorzando con Silvio (II) Por Orestes Martí

Almorzando con Silvio (II)
Por Orestes Martí

Fueron dos los libros que, producidos por la Editorial Ojalá, el trovador Silvio Rodríguez obsequió al Presidente de TESORO.

Del primero (La canción en Cuba a cinco voces) ya les conté; ahora hablemos del segundo: “Decirlo todo”, del recientemente fallecido Profesor Guillermo Rodríguez Rivera (1)


“Acerca de Guillermo y este libro”, Silvio escribió:

Este es el primer libro póstumo de Guillermo Rodríguez Rivera. Digo el primero, considerando que pudiera haber otros -de poesía o pensamiento- que aparezcan después. Pero este tiene la singularidad de que fue pensado e intensamente trabajado hasta el último aliento de su autor. En tal sentido, también pudiera decirse que es un libro inconcluso -sin que por eso deje de ser abundoso de la proverbial lucidez de Guillermo-.
Descubrí que este hombre existía en 1962, cuando coincidimos en el semanario Mella, adonde llevaba sus colaboraciones periodísticas. Lo veía, sobre todo, hablando con Víctor Casaus, su compañero de carrera. Pero fue en 1967 que empezamos a acercarnos más, cuando un grupo de amigos, tarde en la noche, juntábamos mesas en la heladería Coppelia. Ya Guillermo era jefe de redacción de El Caimán Barbudo y llamaban la atención su cultura enciclopédica y su memoria extraordinaria. Un carácter campechano, muy santiaguero, y una inclinación por lo polémico completaban su atractiva personalidad.

Quiso la suerte que un año más tarde me mudara cerca de su casa, en el Vedado. Nuestra amistad se estrechaba en aquellas visitas mutuas en las que, sin dudas, yo salía ganando no solo por la cercanía de mi erudito amigo, sino por la conexión con sus hermanos Luis, Alipio y René, médicos y expertos en la trova tradicional. En reuniones sabatinas en el patio de Guillermo, que fueron convirtiéndose en peñas concurridas, descubrí canciones de Matamoros que nunca había escuchado, aprendí anécdotas de Juan Pichardo Cambié y conocí al albino Luis Peña, con quien traté de hacer un disco y no pude grabar ni una canción.

Era cuando poetas y trovadores hacíamos recitales, lo mismo en la Escuela de Letras que en Casa de las Américas o en cualquier centro de trabajo. Otro punto de encuentro era el apartamento de Felicia Cortiñas, donde Luis Rogelio Nogueiras vivía. Allí nos juntábamos algunos defenestrados del primer Caimán y del ICR, a veces con generosas sorpresas como Roberto Fernández Retamar, Cintio Vitier, Fina García-Marruz y hasta Ernesto Cardenal. Me viene a la memoria una noche, después de la mención en el Premio Casa de El libro rojo, de Guillermo, en que Roque Dalton disertó sobre las virtudes del poemario.

Hace muchos años, leyendo uno de los primeros ensayos de Guillermo Rodríguez Rivera, Sobre la historia del tropo poético, descubrí su extraordinaria capacidad de reflexión y síntesis. Después me deslumbró, como a muchos, su antológico…. Nosotros los cubanos. Entonces no sabía que iba a tener la suerte de que, durante siete años, este brillante amigo se convirtiera en el principal colaborador de mi bitácora virtual.

El mismo Guillermo lo explicó en la presentación de Las crónicas de Segunda Cita, preparadas por Ediciones La Memoria, del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau: “Segunda Cita hizo renacer a aquel periodista de mi primera juventud, tal vez jubilado demasiado pronto. Un día me preguntaron «¿Por qué usted no tiene blog?». Respondí «¿Quién dice que no lo tengo? Mi blog es Segunda Cita» En verdad, lo quiero como una parte mía.

Esto explica que un par de temas de este ensayo aparecieran inicialmente como artículos de mi blog. Después Guillermo continuó ampliándolos y trabajándolos, hasta que decidió que todo aquello fuera algo más abarcador. Tan pronto compuso el primer boceto, me lo mandó. Le di algunos criterios, mientras él continuaba redondeándolo . Poco antes de ser hospitalizado, incluyó dos capítulos: «El camino de Santiago….» y «el fin del Quinquenio gris…». La última vez que hablamos fue sobre esta prometida edición. Meses atrás me había dicho que le gustaría que el libro saliera por Ojalá. Le respondí que sería un honor para nosotros.

Creo que Guillermo me confió la publicación de esta obra por las afinidades que tuvimos. Mucho de lo que expuso en Segunda Cita, da constancia. Hemos sido hijos de una Revolución y, a la vez, de un compromiso al que hemos dedicado gran parte de nuestro quehacer, de nuestra historia. Dicho en sus palabras:

Creo que fue hace dos o tres meses que rompí aquel poema;
que arrojé al viento de La Habana los papeles por la ventana
mientras la gente alzaba la cabeza;
que comprendí que el único modo real de decir todo era,
sencillamente, 
decir todo.

No quiero terminar sin agradecer la honda entrega a este trabajo de Marlen López, viuda de Guillermo; la magnífica edición de Tupac Pinilla, el eficaz diseño de Pilar Fernández Melo y el apoyo constante de mis compañeros de Ojalá.

Silvio Rodríguez Domínguez,
La Habana, julio de 2017.

No quisiera concluir esta nota sobre “decirlo todo” sin decir “algo” que en su momento nos dijera el Héroe Nacional de Cuba, José Martí: “Los libros consuelan, calman, preparan, enriquecen y redimen”; éste no podía ser menos.

Por último subrayar que para esta obra también se ha sugerido a la Red Social Territorial “TESORO de Cuba”, presidida por la profesora Odalys Fundora, Directora de Comunicación Institucional de la Universidad de La Habana; así como a las redes sociales integradas “Martianos” (el profesor Javier López Fernández es su Coordinador General) y “Educación, Ciencia y Cultura” (su Coordinadora General es la profesora Belkis Yaisí Zulueta), que traten de organizar una presentación especial con la Editorial Ojalá.


(1) Guillermo Rodríguez Rivera
(Santiago de Cuba, 1943-La Habana, 2017).
Poeta, ensayista y narrador. Licenciado en Lengua Española y Literaturas Hispánicas y Doctor en Ciencias Filosóficas por la Universidad de La Habana. Miembro de la UNEAC.
Publicó, entre otros, los poemarios Cambio de impresiones (1966), Canta (2003, Premio de la Crítica) y El libro rojo (2012). De su obra ensayística sobresale “Por el camino de la mar o Nosotros, los cubanos (2005). Asimismo destacan sus novelas El cuarto círculo (1976, en coautoría con Luis Rogelio Nogueras) y Canción de amor en tierra extraña (2007), y los artículos de opinión recogidos en el volumen Las crónicas de Segunda cita (2016).
Consagró su vida a la educación superior, primero en la Universidad de Oriente y luego, y hasta su muerte, en la Universidad de La Habana. Su labor como comunicador y promotor literario desbordó el ámbito académico y se extendió a la prensa, la radio y la televisión.

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